Chapter 2: El Precio de la Vulnerabilidad

Toni sintió la calidez de la mano desconocida en la suya. La tensión de la huida no le permitía pensar, solo reaccionar. Apretó los dedos por instinto, comprobando que alguien más estaba allí, escondido entre los arbustos. Se quedó inmóvil, intentando regular la respiración ruidosa. Los gritos de los monitores se alejaban hacia el lado del muelle, confirmando que la mayoría del grupo se había dispersado en esa dirección.

El agarre en su mano se mantuvo firme. Era una mano más pequeña, más suave que la suya, sin la rudeza propia de alguien que hace ejercicio constante. Toni abrió los ojos con cautela, girando la cabeza.

La escasa luz de la luna que se colaba entre el follaje reveló a la dueña de la mano. Era Marta 2.

Se habían escondido juntos sin querer, en un rincón lo suficientemente oscuro para que pasaran desapercibidos. Toni estaba medio desnudo, sudando. Marta 2 estaba encogida a su lado, con la espalda pegada al tronco del roble. Sus ojos, generalmente esquivos, estaban fijos en Toni, o tal vez en su torso sin camisa.

Toni se sintió increíblemente expuesto, y no solo por la falta de ropa. La cicatriz que Dani había intentado ridiculizar ahora ardía bajo la penetrante mirada de Marta 2. Ella lo miraba sin el juicio que solía caracterizar las miradas de los demás, miradas cargadas de interpretación y burla. Era una mirada de total y absoluta atención, como si estuviera leyendo las letras pequeñas de un contrato.

"Estás helando," susurró Toni, sintiendo su torpeza social regresar en oleadas. Se soltó de la mano de Marta 2 para poder pasar su camiseta, hecha un ovillo, a otra mano. "Deberías ponerte esto."

Marta 2 no contestó, y tampoco se movió.

“No es un buen momento para que te dé un resfriado”, insistió Toni, ofreciéndole la camiseta con más nerviosismo del necesario.

Marta 2 parpadeó, volviendo a la realidad de la persecución. Negó con la cabeza y extendió una mano temblorosa hacia la cicatriz de Toni. Ella no tocó la marca, pero la señaló con el dedo índice, sin apartar los ojos curiosos. Toni se encogió ligeramente, como hacía siempre que alguien notaba la marca.

"¿Qué... te pasó?" preguntó Marta 2, su voz era apenas un hilo, revelando una vulnerabilidad que Toni nunca antes había notado en ella. Era una pregunta directa, sin rodeos, una cualidad inusual en la siempre reservada Marta 2.

Toni dudó. Nunca antes había compartido la historia. Era larga, incómoda, y siempre le hacía sentir más vulnerable que la cicatriz misma.

"Fue... una cosa," respondió Toni, sintiendo que fracasaba estrepitosamente al intentar ser honesto. "Cuando tenía diez años. Es una historia aburrida, de verdad."

Marta 2 sonrió tristemente. "Para ti quizás sea aburrida, ya la conoces. Pero siempre parece que quieres ocultarla, como si fuera algo malo."

La verdad que había en sus palabras golpeó a Toni. Él siempre había intentado minimizar la cicatriz, cubriéndola con camisetas holgadas.

“Mi hermana tiene uno similar,” admitió Marta 2, bajando la voz y desviando la mirada hacia el suelo, rompiendo la intensa conexión visual. Cuando miró de nuevo a Toni, la timidez había regresado un poco. El miedo al contacto físico de Nur o la burla de Dani eran superficiales al lado de la intensidad de Marta 2. “No de una cirugía de emergencia, sino de algo... de otra cosa. Por eso la evito.”

“¿Evitas a tu hermana?” inquiríó Toni, sintiendo que ahora era su turno de hacer preguntas. Pensó: Por supuesto que tiene una hermana, debe ser Marta 1.

"No, evito el tema," aclaró Marta 2. "Una vez tuve que cuidarla después de una operación por una torcedura de tobillo mal curada. Fue un mes. Me enseñó mucho sobre... el dolor. Y cómo la gente no quiere hablar de él."

El sonido de una rama rompiéndose cerca hizo que los dos regresaran a la realidad. Se quedaron de nuevo en silencio, conteniendo la respiración mientras la linterna de un monitor giraba en la zona de las cabañas femeninas.

"Deberíamos irnos a la cabaña," susurró Toni luego de que el monitor se alejara. Le entregó la camiseta doblada a Marta 2, asintiendo para que la tomara. Ella la aceptó en silencio y la guardó arrugada en el bolsillo de su sudadera, como un tesoro robado.

Salieron de su escondite, caminando con pasos mínimos sobre la tierra húmeda. Se dirigieron hacia la cabaña de los chicos, donde el riesgo de ser descubiertos era mucho menor.

Al llegar, la puerta del dormitorio estaba entreabierta. Alfonso estaba sentado solo en el borde de su litera, con la guitarra al lado, tocando un acorde melancólico. Se sobresaltó cuando Toni y Marta 2 entraron.

"¿Qué haces aquí, Marta 2?" preguntó Alfonso, frunciendo el ceño por la intrusión.

"Volvemos a las cabañas," dijo Toni, intentando que sonara como si acabaran de coincidir por casualidad.

Alfonso los miró con ojos entrecerrados. "Te digo que este campamento tiene una vibra rarísima. Tú, Toni, eres el imán," dijo Alfonso, señalándolo dramaticamente con el mástil de su guitarra. "Atraviesas un campo de minas sin explotar, pero de alguna manera siempre eres el centro cuando no quieres. Es como si la gravedad social te succionara."

Marta 2 ignoró a Alfonso, dándole un pequeño empujón en el brazo a Toni. "Me voy. Gracias por... caminar conmigo."

Toni asintió, sintiendo el rubor recorrerle la cara. “De nada. Ten cuidado, ¿sí?”

Una vez que Marta 2 se fue, Toni miró a Alfonso, confundido por su análisis. "¿Qué demonios significa la 'gravedad social'?"

"Eres un objeto de interés, mi rey," explicó Alfonso con seriedad, como si estuviera revelando un secreto cósmico. "Pero si me disculpas, necesito trabajar en la composición de una canción que refleje la tensión existencial de ver a Martín besar a Nur."

Alfonso volvió a rasgar las cuerdas. El sonido era potente para la hora, pero por suerte, la cabaña de monitores estaba bastante lejos.

Toni se puso la camiseta y se metió en la litera. No podía, sin embargo, dejar de pensar en Marta 2 y su pregunta sobre la cicatriz. Tenía que volver a verla.


El día siguiente llegó con la promesa de más calor y más drama. Era el Día 2 y el aire ya estaba cargado de los secretos y las dinámicas de poder que se habían cimentado la noche anterior. La mañana comenzó con una actividad de orientación en el bosque. El objetivo era encontrar una serie de puntos marcados sin usar tecnología. Los monitores habían insistido en la importancia de trabajar en equipo, una palabra clave que, en la práctica, significaba que el desastre se multiplicaría por catorce. Toni se sentía un poco más ligero después de su conversación a oscuras, pero aún sentía la presión de ser el único que había cumplido el reto de Dani (aunque sin la humillación que él esperaba).

Los grupos se formaron orgánicamente, como siempre sucede: Alfonso, Lucas, Nur, Luis, y Toni formaron un grupo en el que nadie parecía tener claro quién era el líder.

Desde el inicio de la caminata, Nur impuso su ritmo y su filosofía. A cada paso se detenía para "conectar con las energías" del bosque, o para señalar una planta y explicar sus usos medicinales ancestrales. Alfonso aprovechaba cualquier pausa forzosa para sacar su guitarra acústica de viaje, una versión diminuta que llamó "La Ukulela Infernal", e intentaba que todos cantaran.

"¡Esperad!" exclamó Nur, levantando una mano para detener al grupo. Iban solo cien metros dentro del camino. "Necesito que todos tomen cinco respiraciones profundas. Estamos caminando con demasiada energía acumulada. Hay que liberarla."

"Mi energía acumulada dice que vamos a perder por tu culpa," protestó Luis, que esperaba cada pausa forzosa para empezar un espectáculo de pantomima con el Pablo moreno y hacer reír a los demás, aunque el Pablo moreno fuera con otro grupo.

Lucas, el más joven, había tomado el mapa. Estudiaba la brújula con la seriedad de un cartógrafo explorando territorio virgen. "Si seguimos la línea del río seco, deberíamos llegar al primer punto en veinte minutos," dijo Lucas, su tono práctico contrastaba con la espiritualidad de Nur y el drama de Alfonso y Luis.

"El camino rápido no siempre es el correcto, Lucas," sentenció Nur. "Piensa en el camino orgánico, el del corazón."

"El mapa no tiene el camino del corazón, Nur," replicó Lucas con sequedad. "Solo tiene el norte."

Alfonso intervino, intentando armonizar. "Necesitamos una canción para darnos valor, hermanos. Una canción que muestre nuestra disonancia juvenil. Lo llamaremos 'La Marcha de la Brújula Rota'."

Toni, que ya había tropezado tres veces en el mismo tramo plano, se rio levemente. Su humor, aunque torpe, solía ser el pegamento invisible del grupo.

Mientras tanto, Luis se había subido a un tocón y señalaba a Toni. "Nuestro líder es Toni, el 'Guardián del Secreto Muscular'. Él usará su fuerza recién descubierta para cargar la mochila y encontrar el camino. ¿Verdad, Toni?"

"No soy el líder," dijo Toni, ya cansado de ser el centro de una atención que no había buscado. "Y no estoy usando mi fuerza, Luis."

"¡Claro que sí!" siguió Luis, convencido de que su comedia era oro puro. "La fuerza sale de la cicatriz. Es como una herida de batalla que te da superpoderes. ¿Ves? La 'Cicatrix Power' va a llevarnos a la victoria."

La burla era inocente, pero Toni sintió ese pinchazo que venía de la incomodidad de la noche anterior. Ocultó su enfado con una sonrisa nerviosa.

Lucas, al notar el malestar de Toni, intervino. "Luis, déjale en paz. Mira, hay un atajo justo aquí. Sígueme. Olvidemos el camino del corazón."

Lucas se adentró en un camino más estrecho, siguiendo una intuición propia. Toni lo siguió con gratitud.


La tarde trajo consigo la actividad de natación obligatoria en la piscina del campamento. El calor sofocante del mediodía había convertido el agua en la única atracción real.

El ambiente alrededor de la piscina era diferente al de la cena. El ruido era más alegre, menos cargado de tensión social. La gente dejaba caer sus máscaras ante la perspectiva de un chapuzón.

Dani, por supuesto, aprovechó el evento para exhibirse. Llevaba unas gafas de natación de marca y un bañador mínimo. Saltaba del trampolín haciendo piruetas innecesarias, esperando el aplauso de la galería.

"¡Observad, mortales!" gritó Dani, lanzándose con un triple mortal medio fallido que terminó en un estruendo. Se levantó del agua sonriendo, ajustándose el pelo, esperando el cortejo de las Greta, que estaba sentada al borde, con los pies metidos en el agua, hablando sin parar con Marta 1. Toni podía notar que Marta 1 intentaba mantener la compostura, aunque Greta era un huracán de ideas.

“¿Ves a Dani? Está intentando batir el récord de "poses de mamífero acuático atractivo", pero no le funciona con nadie,” le susurraba Greta a Marta 1. “Debería enfocarse en algo más natural. Como la forma en que Toni es torpe y eso le queda bien. Lo de Toni es como una marca personal, es su cosa.”

—Y, Greta, ¿crees que mi hermano Pablo irá con Dani? —preguntó Marta 1, girándose hacia ella con una mirada de concentración. —Pablo me mira mucho.

—¿Pablo el jabado? No lo sé. Parece que está más interesado en el reflejo de las nubes en el agua que en la interacción humana. Pero oye, te apuesto la Ukulela Infernal de Alfonso a que Dani te va a tirarte los trastos antes del fin de semana. ¡Eres la más organizada! ¡A los ligones les encantan los proyectos!

—No necesito ser un proyecto —respondió Marta 1, frunciendo el ceño. Estaba preocupada por el hecho de que nadie se ahogara, ni siquiera la escuchaba del todo. Su mente estaba en la planificación de la próxima actividad de la tarde.

"Nos falta Pablo el mayor," comentó Marta 1, contando cabezas. "Y Mar, ¿dónde está Mar? Nur dice que fue a buscar un gel de áloe vera para una quemadura solar."

Mar fue a la enfermería por su rodilla,” corrigió Greta. “Lo sé porque la he visto cojear mucho. Está sufriendo más de lo que dice. Debería haber un equipo médico permanente aquí. Pero no lo digas, quiere ser la fuerte, ya sabes. Como si la rodilla fuera un fallo moral. Mar es demasiado buena.”

Greta se acercó a Dani, con el objetivo de irritarlo y, no nos vamos a engañar, de ser el centro de su atención, aunque fuera para recibir un insulto. “Oye, guapo,” le dijo con demasiada familiaridad. “Tu estilo es demasiado obvio. Tienes que ser más sutil. Yo te ayudaría, pero mis habilidades son más de espía que de seductor.”

Dani la miró con condescendencia, ajustándose el bañador. Greta era demasiado ruido para él, no el perfil de ‘chica misterio’ que él solía cazar. “Greta, no necesito un plan, yo soy la acción. Además, estás interrumpiendo mi flujo energético con Alma. Mírala, está a punto de preguntar por mi rutina de ejercicio.”

Alma estaba en el otro extremo de la piscina, jugando con Lucas, intentando salpicarle con un flotador.

Pablo el mayor apareció en ese momento. No vestía bañador, solo llevaba unos pantalones cortos y una camiseta blanca. Parecía aún más indiferente que de costumbre.

"No voy a mojarme," anunció Pablo, sentándose bajo un árbol a fumar un cigarrillo electrónico de olor dulzón que, por suerte, parecía pasar inadvertido para los monitores.

"¿No vas a nadar, Pablo?" preguntó Alma, nadando hacia el borde. "¡Está genial el agua!"

"No, me da pereza. Además, el cloro es súper corrosivo para la piel," dijo Pablo con un tono de sabiduría perezosa.

"El cloro es solo una medida de precaución sanitaria," lo corrigió Nur, acercándose con su habitual tono de superioridad moral. "Deberías participar, Pablo. La inmersión es terapéutica."

Pablo la ignoró por completo, mirando el humo exhalado con evidente fascinación. Su hermana Mar, que acababa de llegar de la enfermería con un vendaje más ajustado, lo miró con exasperación. Mar se acercó y le susurró: —Pablo, deja ese vapeador. No está permitido y lo sabes. Me preocupo por ti.

—Relájate, Mar. Este es de menta. Es medicinal. Y no te preocupes, ya soy adulto. —respondió Pablo, alejándola con un gesto de la mano, sin darle importancia a su dolor o a su preocupación.

Mar se alejó, sintiendo el pinchazo de la ingratitud más fuerte que el dolor en la rodilla.

Martin, por otro lado, estaba en el agua, nadando largas y rápidas vueltas, sin chapotear, con una técnica perfecta. Lo hacía con una intensidad que sugería que la piscina era el único lugar donde podía descargar la frustración. Su rostro estaba tenso y serio. Odiaba el juego de la seducción de Dani y las payasadas de Luis y el Pablo moreno, que ahora intentaban hacer un concurso de saltos feos.

"¡Yo gano! ¡He salpicado hasta la primera fila!" gritó el Pablo moreno, con la risa estruendosa que siempre usaba para ocultar sus inseguridades.

Toni, que había salido del agua para descansar, se acercó a la mesa de toallas y bebidas. Se sentía menos torpe sin la amenaza de tropezar.

Ahí estaba Marta 2, doblando cuidadosamente las toallas que los demás habían dejado tiradas. Estaba trabajando en silencio, como siempre. Su pelo oscuro le caía sobre la cara, ocultando sus ojos.

"Marta 2," la llamó Toni.

Ella levantó la cabeza. Había algo en su expresión que demostraba que seguía pensando en la noche anterior.

"¿Qué tal la mañana?" preguntó Toni.

"Bien. Hemos encontrado casi todos los puntos de control. Pero la gente sigue bebiendo demasiado refresco azucarado," dijo Marta 2. Se refería a los refrescos que estaban sobre la mesa, apilados en el hielo.

"No puedes forzar a quince adolescentes a beber solo agua," se rio Toni.

"Quizás a ti no. Se te da bien forzar las cosas sin querer," dijo Marta 2, y por primera vez, Toni notó un toque de humor irónico en su voz.

“¿Te refieres a mi "Cicatrix Power"?” preguntó él, aliviado de no tener que disimular algo tan obvio.

Ella se rió. No fue una risa ruidosa, sino un sonido suave y real. “Me refiero a tus caídas, a tu 'aterrizaje forzoso' del primer día. Y a lo de anoche. No te diste cuenta, pero me agarraste la mano como si tu vida dependiera de ello. Y es la única vez en todo el verano que no he sentido que tenía que controlar algo.”

Toni sintió la cara arder. “Lo siento. Estaba en pánico. Era la estampida. No sabía quién eras.”

"Lo sé," asintió Marta 2. "Pero fue... agradable. No tener que pensar. Solo correr." Ella dejó de doblar toallas y miró a Toni directamente a los ojos. "Ayer, cuando te pregunté por la cicatriz, me mentiste. Dijiste que era una historia aburrida. Tú no eres aburrido, Toni. ¿Por qué la escondes?"

La pregunta era profunda. Toni se sintió expuesto una vez más, como la noche anterior.

"No la escondo," se defendió él, aunque sabía que era una mentira.

"Sí lo haces. Es lo primero que haces cuando te incomodas. Te encorvas," dijo Marta 2.

"Es solo... es de un accidente de coche," confesó Toni en voz baja, rindiéndose a su honestidad. "Un camión nos golpeó de lado, hace unos años. Mi padre conducía. Él... se rompió la mano. Yo me rompí varias costillas. Estuve en el hospital bastante. Siempre me han puesto apodos. El ‘costillitas’. Ya sabes, es estúpido."

Marta 2 no dijo que no fuera estúpido. Simplemente asintió. "No es estúpido. El dolor siempre cambia la forma en que ves el mundo. O la forma en que el mundo te ve a ti."

Se quedaron en un silencio cómodo. Toni se dio cuenta de que Marta 2 era fácil de hablar. No había juicio en ella, solo comprensión.

"¿Y tú?" preguntó Toni. "¿Qué estabas haciendo anoche? Parecías una estatua hasta que te agarré."

Marta 2 dudó. Miró el agua de la piscina, donde Luis y el Pablo moreno estaban haciendo burbujas bajo el agua.

“Estaba mirando a Dani,” admitió ella con una voz tan baja que casi se perdió en el ruido y la risa de los demás. “Estaba mirando la farsa.”

Toni se sintió un poco decepcionado. Claro. Dani. Siempre Dani. Pero la forma en que lo dijo no sonó a idolatría.

“Le estaba mirando a él,” continuó Marta 2. “Y estaba pensando que todos actuamos, aquí. Todos tenemos un rol. Dani es el ligón, Martin es el atleta enfadado, y yo soy la chica que dobla toallas. Estaba pensando en por qué estoy mirando las vetas de la madera del muelle en lugar de bañarme. Por qué me da tanto miedo que la gente sepa lo que quiero.”

“¿Y qué quieres?” preguntó Toni, completamente atrapado en la conversación.

Marta 2 lo miró con una expresión seria. “Quiero dejar de doblar toallas y de ser la chica reservada. Quiero saltar esa veta de la madera. Pero no sé cómo.” Bajó la voz medio escalón más, asegurándose de que nadie, ni siquiera el charlatán de Alfonso, pudiera oírla. “Y quería preguntarle a Dani si tenía un segundo par de gafas de sol, porque las suyas son demasiado chulas. Pero no pude. Porque es un riesgo. Y si te soy honesta, Toni,” añadió, y su voz tembló ligeramente, “me da miedo que la gente sepa que... a mí no me gusta que me miren, no me gusta ser el objetivo, pero me intriga cómo funciona esa dinámica entre él y otros chicos. Me intriga cómo la gente se define. Y mi 'cosa' de la que te hablo es que sospecho que no me defino como esperan.” Sintió el rubor al atreverse a insinuar algo tan íntimo. “¿Crees que podría ser como Dani, pero sin su arrogancia? No, no puedo, ¿verdad?”

"¿Solo eso?" preguntó Toni.

"Sí. Es estúpido, ¿verdad? No poder pedir unas gafas," dijo ella, sintiéndose frustrada.

"No es estúpido, solo... te cuesta mucho pedir," resumió Toni.

Justo en ese momento, una conmoción rompió la calma.

Martin, que había estado nadando como un delfín furioso, se detuvo en el medio del carril. Su cara estaba roja, más allá del esfuerzo físico. Estaba agarrando el borde de la piscina con tanta fuerza que sus nudillos eran blancos.

"¡Joder!" gritó Martin. Quería decir "Corregir," o algo similar, pero su rabia hizo que la "erre" se deslizara.

Luis y el Pablo moreno, que estaban haciendo un concurso de apnea en el carril contiguo, asomaron la cabeza.

"¿Qué pasa, 'Aleta'? ¿Te está matando la dieta vegetariana?" preguntó Luis, buscando el humor fácil.

"¡Tíate, te estás tiendo de mí!" bramó Martín, la ausencia de las erres era ahora más evidente por el volumen de su voz. "¡He pedido que no te rías!"

La tensión escaló. Martin salió del agua con una rapidez sorprendente, goteando agua de cloro. Se enfrentó a Luis y al Pablo moreno.

"Tú y tu estúpido amot no etan guacios," siseó Martín, conteniendo las ganas de golpearlo.

Luis no pudo contenerse. Soltó una carcajada fuerte y genuina, la cabeza de Martín era tan predecible. El Pablo moreno se unió, aunque con un poco más de cautela, sabiendo que Martin era un animal herido.

"¡Pero qué tienes, Martin! ¡Estás hipetsensib... hiper-sensible! ¡Es solo un chiste!" se defendió Luis, intentando recuperar el aliento.

Martin no respondió, solo se lanzó hacia Luis.

Todo sucedió muy rápido. Era el estallido inevitable de la tensión acumulada, un momento de furia pura que Martin no podría contener más. Martin empujó a Luis con fuerza, lanzándolo hacia atrás. Luis cayó fuera de la zona de césped, golpeándose la cabeza contra el bordillo de cemento que delimitaba el área de la piscina. No fue un golpe fuerte, pero sí lo suficientemente explosivo y abrupto como para silenciar a todo el grupo. El chasquido seco del impacto resonó sobre el agua tranquila de la piscina, como un disparo.

Luis se quedó inmóvil por un segundo, luego gimió.

"¡Luis!" gritó el Pablo moreno, corriendo hacia su amigo.

Marta 1 fue la primera en reaccionar. "¡Monitores!" gritó, rompiendo el pánico inicial.

Mar, que había estado hablando con Nur cerca de la enfermería, cojeó hacia la escena, su empatía superando su dolor físico.

"¡Martin, por Dios!" gritó Mar, pasando de la calma a la furia en un segundo. "¡Lo has tirado!"

Martin estaba quieto, pálido, dándose cuenta de lo que había hecho. Su necesidad de control y su rabia incontrolada lo habían llevado a un punto de no retorno.

Lucas, el más tranquilo de todos, se acercó a Luis. Lucas le tocó suavemente la nuca. "Necesita hielo. Estás sangrando un poco, Luis. No es grave, pero hay que ir a la enfermería."

La voz de Lucas, firme y práctica, ayudó a que el caos se asentara.

Martin miró a Luis, y luego a todos. Vio la cara juzgadora de Nur, la preocupación de Marta 1, el pánico de Greta, que había empezado a narrar el evento a sí misma en voz baja. La mirada de Dani era de desprecio, no porque le preocupara Luis, sino porque Martin le había robado el protagonismo.

Martin huyó. Se calzó sus chancletas de piscina y salió corriendo hacia los vestuarios, sintiendo la humillación quemándole la piel.


El incidente de la piscina dejó un regusto amargo en la tarde. Luis estaba bien, con tres puntos de sutura y una advertencia de los monitores. Martin había sido confinado a su cabaña, al menos hasta el día siguiente. El humor había desaparecido y el ambiente se sentía pesado.

Al caer la noche, el grupo se reunió para cenar en el comedor, todavía afectados por la pelea.

Mar se sentó junto a su hermano Pablo, intentando que comiera. “Tienes que tener más cuidado con Martin. Está a punto de explotar, lo sabes," le susurró Mar.

"No es mi culpa que sea un manojo de nervios," respondió Pablo el mayor, con su indiferencia característica.

"Pero no le echaste una mano. A nadie le gusta que se rían de él," insistió Mar.

"¿Y yo por qué tengo que ser la niñera de todos? Mi 'jabadez' es mi forma de vida, Mar," dijo Pablo, metido en su mundo.

En la mesa de al lado, Alfonso intentaba levantar los ánimos. Había compuesto lo que él llamaba un "villancico" rock sobre la incomprensión adolescente.

"Y aquí, en el campamento... encontramos la luz... y la oscuridad... ¡Dímelo, Toni!" gritó Alfonso, señalando a Toni con el dedo, esperando que se uniera a su teatro.

Toni se rio forzadamente. "No me lo grites, Alfonso. Y no. No puedo cantar ahora."

Toni miró la mesa de las chicas. Marta 2 estaba sentada completamente sola. No había nadie cerca de ella. Greta y Marta 1 estaban en otra mesa con Nur y Alma, discutiendo el incidente de Martin.

Toni se levantó. Llevó su bandeja y el refresco que Marta 2 había criticado y se acercó a ella.

"¿Puedo?" le preguntó a Marta 2, señalando la silla vacía.

Marta 2 asintió.

“La cena es aburrida sin los payasos,” comentó Toni, refiriéndose a Luis y el Pablo moreno. Se sentía aliviado de que Marta 2 hubiera aceptado su compañía.

“Están bien. Luis está disfrutando de su nueva 'historia de guerra' para contar, recibiendo atención forzada. Y el Pablo moreno está cuidándolo, aprovechando para hacer más chistes sobre Martin a escondidas,” dijo Marta 2, revelando cómo su propia observación era tan aguda como siempre. “Es una especie de teatro del dolor compartido.”

"Martin se pasó," dijo Toni, mirándose las manos.

"Sí, lo hizo," asintió Marta 2. "Pero fue más que solo 'erre'. Fue la vergüenza. Es un miedo muy profundo. La gente no lo entiende."

Toni se preguntó si Marta 2, con su propia aversión a la expresión emocional, entendía el miedo a la vergüenza mejor que nadie.

"Quería preguntarte algo," dijo Toni, sintiéndose valiente. "Anoche dijiste que querías dejar de ser la chica reservada. ¿Qué vas a hacer al respecto?"

Marta 2 sonrió levemente. "Voy a empezar de a poco. Paso número uno: no voy a doblar más toallas que no sean mías."

"Es un buen comienzo," asintió Toni.

"Paso número dos," continuó Marta 2, mirándolo con su intensidad habitual. "Quería preguntarte si quieres caminar mañana conmigo, lejos de las actividades, para que me cuentes la historia 'aburrida' de la cicatriz de verdad."

Toni se sintió extrañamente tranquilo. Había algo en la invitación de Marta 2. No era coqueteo, era una solicitud de conexión, un interés genuino que trascendía la superficie.

"Mañana," confirmó Toni con un nudo en la garganta. "Sí, me gustaría. A donde tú me digas."

Unos minutos después de la cena, Dani se acercó a la mesa de Toni y Marta 2. Ojos de águila, Dani se había dado cuenta de la inesperada conexión y sintió la punzada de su miedo más grande: ser superado por alguien que no representaba una amenaza aparente.

"Vaya, vaya," dijo Dani con un tono excesivamente casual. "Marta 2 hablando. Milagro. ¿Qué te ha hecho, Toni? ¿Te ha obligado a confesar tu amor verdadero?"

"No te incumbe, Dani," dijo Marta 2. Su voz era tranquila, pero firme, una pequeña victoria para su paso número dos.

Dani ignoró la punzada. Se centró en Toni. "Toni, chaval, sigues sin camisa. Pensé que te habías calmado. Tu 'Cicatrix Power' está encendida."

"Tengo mi camiseta puesta, Dani," replicó Toni, señalando su torso cubierto.

"Ah, sí. Qué pena. Me había acostumbrado a tu estilo de 'modelo de Calvin Klein en la naturaleza'. Pensé que quizás te habías dado cuenta de lo que tienes."

"¿De qué hablas?" preguntó Toni, sintiéndose de nuevo incómodo.

Dani se inclinó, poniendo su mano sobre la mesa. "Hablas con Marta 2. Está bien. Pero ten cuidado de no ligar con tooooodo el mundo. Es algo que solo me está permitido a mí. ¿Lo ves, Marta 2? Estamos a solas y no puedo evitar hablar contigo." Dani le hizo un guiño teatral a Marta 2, pero su mirada estaba fija en Toni, observando su reacción.

Marta 2 suspiró. "Dani. No estamos a solas. Estás con Toni. Y estás siendo ruidoso."

Dani se rio. "¡Oh, vamos! ¿No quieres mi número?"

"No, Dani. Y si me disculpas," replicó Marta 2. "Necesito irme. Tengo trabajo."

Marta 2 se levantó y se alejó con prisa. Tony se quedó solo con Dani.

"Vaya, esa es muy difícil," dijo Dani con un silbido de admiración fingida. "Te has metido en el liga-liga, Toni. El club de los complicados."

"No estoy ligando, Dani," explicó Toni, sintiéndose verdaderamente agotado de esa dinámica social. "Solo estoy hablando con ella."

"Es lo mismo. De todas formas, ya sabes. Si tienes un problema con las chicas, yo te doy consejos. Tengo un plan de acción para cada una."

Toni no respondió, simplemente asintió. Se levantó y le deseó buenas noches a Dani, dejando la bandeja sobre la mesa.


La noche trajo consigo, por fin, un descenso en la temperatura, pero no en la tensión. El confinamiento de Martin en la cabaña de chicos significaba que el resto tenía que caminar sobre cáscaras de huevo.

Martin estaba sentado en su litera, con los brazos cruzados, sin dirigir la palabra a nadie. Leía un libro sobre dietética vegana, con el ceño fruncido. Alfonso estaba componiendo una nueva sinfonía. Lucas estaba escribiendo en su cuaderno, anotando las dinámicas de la cabaña.

"¿Cuánto tiempo creéis que va a durar el castigo?" preguntó el Pablo moreno, con la voz baja mientras se curaba la herida superficial de Luis con una gasa.

"Me apuesto mi guitarra a que mañana ya lo sueltan," dijo Alfonso. "Los monitores tienen miedo de la soledad. Los necesitamos para mantener la paz."

"Los monitores tienen miedo de las demandas de lesiones," corrigió Lucas, sin dejar de escribir. "Martin hizo algo estúpido. Pero Luis también lo estaba provocando mucho. La culpa es compartida, pero siempre cae sobre la cabeza caliente."

Martin levantó la mirada por encima de las páginas. "No fue culpa mía. El payaso me estaba iitando pava. Yo solo quería orden. Esto es un desaste." La falta de la "erre" en "desastre" sonó a frustración reprimida.

"Tranquilízate, Martin," le dijo Toni desde su litera superior. "Ya pasó. Luis está bien. No tienes que comerte la cabeza."

"Tú, tú te calas," siseó Martin. "Tú eres todo sonisa y cala bonita. No tienes ni idea de lo que es que te humillen de esa maneva."

Toni dudó. Quería defenderse, hablar de su cicatriz, de los apodos, pero sabía que Martin estaba demasiado herido para escuchar.

Alfonso, sin embargo, vio su oportunidad. "Necesitas liberarte, Martin. ¡Vamos a formar la banda! ¡Toca la batería con tus bíceps!"

Martin se hundió aún más en su libro, ignorándolo.


La mañana siguiente, Toni se despertó antes de que la cabaña estuviera completamente activa. Se puso unos vaqueros y una sudadera fina. Miró la hora: las 7:30. Demasiado pronto para el desayuno.

Salió de la cabaña, y la fresca brisa de la mañana le hizo sentir bien. Vio una figura familiar cerca de la zona de hamacas. Era Mar. Estaba sentada sola en una, con un vaso de café en las manos, mirando el horizonte. Su rodilla estaba envuelta en una rodillera más gruesa que la habitual.

"¿Estás bien, Mar?" preguntó Toni, acercándose despacio.

Mar sonrió, aunque era una sonrisa tensa. "Hola, Toni. Sí, solo estoy disfrutando el amanecer. Mi rodilla está un poco peor que de costumbre. El incidente de anoche de Martin no ayudó en la estampida."

"¿Necesitas algo? ¿Hielo?" preguntó Toni.

"No, gracias. Solo tiempo. ¿Tú qué haces despierto tan pronto? ¿Tienes cosas que hacer?"

"Sí," Toni asintió. "Tengo que deshacer una mentira. Y caminar con una persona que me ha pedido que lo haga."

Mar sonrió de verdad. Marta 2. Lo sé. Es un buen paso para ella. Es una chica que necesita sentir que la gente confía en su inteligencia, no en sus hombros. No te atrevas a ser superficial con ella, Toni. Ella lo odia."

"No lo haré," prometió Toni.

Se sentó en otra hamaca, disfrutando del silencio.

"¿Qué le vas a contar de la cicatriz?" preguntó Mar, con una gentileza típica en ella.

Toni dudó. "La verdad. La verdad completa. Que no fue fácil. Que mi padre tuvo que aprender a escribir de nuevo. Que me reía de mí mismo para que otros no se fijaran en mi dolor."

"Es una buena verdad, Toni. Es la tuya," dijo Mar. "Y Toni. No eres un imán de desastres, como dice Alfonso. Eres el ancla de las cosas reales. La gente se siente lo suficientemente segura a tu lado para ser ellos mismos. Incluso Martin."

Toni se sintió honrado por la visión de Mar. Ella era realmente la mediadora, la que intentaba mantener a flote al Barco del Salseo.

“Tengo que irme, Toni,” dijo Mar, levantándose lentamente y ajustándose la rodillera. Su rostro mostraba el esfuerzo del dolor, pero su determinación era más fuerte. “Tengo que ir a la cocina antes que nadie, para asegurarme de que mi hermano coma más que solo tostadas y para hablar con los monitores sobre si puedo conseguir un horario más suave de actividades. Mi rodilla está gritando, pero el campamento no se va a organizar solo.”

Toni asintió. “Cuídate, Mar.”


Toni no tuvo que buscar mucho a Marta 2. Ella lo estaba esperando cerca de la cabaña, con el mapa del campamento, como si fuera una misión.

"Bien. Paso número uno del día," dijo Marta 2, mirándolo. "Vamos a ir a la zona que está detrás de la lavandería. Es el lugar más escondido. Cero probabilidad de monitores o Dani."

Toni la siguió sin protestar.

Mientras caminaban, Toni le contó la historia de la cicatriz con la honestidad que había prometido. Le habló sobre el miedo que había sentido, el sonido del choque, el mes en el hospital, los apodos crueles que lo habían acompañado en el colegio y la sensación de vergüenza que lo había llevado a adoptar una torpeza teatral para disimular su inseguridad. Su voz se sentía firme y no se quebró.

Marta 2 escuchaba, sin interrumpir, lo que Toni agradeció. Cuando terminó, se detuvieron junto a un cobertizo metálico oxidado detrás de la lavandería.

"Gracias por contarme," dijo Marta 2. "Eso no fue aburrido."

"No lo fue," admitió Toni, sintiéndose liviano.

Marta 2 se sentó en el suelo, apoyada en el metal frío. Toni se sentó a su lado, en silencio.

"Es raro," dijo Toni después de un momento. "Me he pasado años disimulando esto. Y ahora lo he compartido contigo, y contigo no siento juicio."

Marta 2 sonrió. "Esa es la diferencia entre tú y los demás, Toni. Tú no juzgas. Cuando Martin te insultó, incluso entonces no te reíste. Solo sentiste pena por él, supongo."

"Sentí pena por mí," corrigió Toni, "porque no sabía qué decir."

"¿Sabes por qué no te juzgo?" preguntó Marta 2, y esta vez, fue su turno de confesar. "Porque yo también tengo mi cosa."

Toni la miró, esperando.

Mi 'cosa' no es una cicatriz física," dijo Marta 2, con la voz apenas audible. Es algo que me avergüenza mucho más que lo que te pasó a ti. Por eso no hablo. Me da terror que alguien sepa lo que quiero."

Hubo un silencio. Un silencio total, solo roto por el zumbido de alguna lavadora industrial funcionando.

Toni no se movió. La confesión de Marta 2 era sincera, cruda. No era un chisme, ni una estrategia de juego de "Atrevimiento." Era una verdad esencial.

"Vale," dijo Toni, y esa fue su única respuesta.

Marta 2 la miró, buscando una reacción más dramática, temiendo el juicio o el chisme. “¿Solo 'Vale'?”

“Sí,” asintió Toni. “Me has dicho que te cuesta mucho hablar de cómo sientes las cosas, de cómo te intrigan las dinámicas de género y de que sospechas que no te atrae lo que se supone que te tiene que atraer. Me has dicho que te da miedo contarlo.” Toni sonrió con amabilidad. “Y que te da miedo contarlo. Eso es lo más honesto que me han dicho aquí. Gracias por confiar en mí.”

La cara de Marta 2 se relajó. Soltó una respiración que parecía haber estado conteniendo durante semanas. “La gente espera el drama, no la verdad silenciosa,” susurró Marta 2. “Te lo agradezco, Toni.”

Si te sirve de algo," continuó Toni. "Me dio tanto pánico contar algo del campamento de música el verano pasado que pensé que me iba a explotar la cabeza si alguien lo descubría. No lo superé hasta seis meses después."

Marta 2 rio. "Toni. Eres totalmente adorable. No sé cómo puedes ser tan torpe y a la vez tan comprensivo."

"Es una maldición," se lamentó Toni en broma.

Los dos se quedaron juntos en silencio, en una intimidad que superaba cualquier escena de coqueteo de Dani o cualquier confesión de drama de Greta.


El resto de la tarde fue un torbellino de actividades que Toni y Marta 2 evitaron parcialmente, usando la excusa de "limpiar el comedor" y "organizar los botes de basura." Era la forma de Marta 2 de lidiar con el drama; trabajo duro y útil.

Mientras organizaban el material deportivo en el almacén, Lucas se acercó.

"Os he estado buscando," dijo Lucas, su expresión era seria. "Hay un gran problema en el comedor."

"¿Qué pasó? ¿Otro altercado de Martin?" preguntó Toni.

"No," dijo Lucas. "Peor. Alfonso está intentando que todos canten su nueva canción, que dura catorce minutos y es una oda al mal ambiente del campamento. Pero ese no es el problema."

"¿Y cuál es el problema, Lucas?" preguntó Marta 2, volviendo a su papel lógico.

"El problema es que he encontrado esto," dijo Lucas, sacando una nota de su bolsillo, doblada cuidadosamente. "Estaba escondida en las literas de Dani. Y creo que es importante que la veáis."

Toni tomó la nota. Estaba escrita con una caligrafía limpia, pero el contenido era explosivo.

Era básicamente una lista de las chicas del campamento:

  1. Marta 1: La organizadora. Atacarla con la necesidad de eficiencia.
  2. Nur: La hippie moral. Contradecir sus mantras. Aburrirla con la ciencia.
  3. Greta: La charlatana. Mostrar desinterés. Es un desafío. NO ES EL OBJETIVO.
  4. Marta 2: Superficialmente aburrida, pero difícil de ligar. Objetivo a largo plazo.
  5. Mar: Demasiado amable, no divertida. No es un objetivo.
  6. Alma: La inocente. Solo sirve para hacer ejercicio y sentirse joven.

"Es la lista de Dani," murmuró Toni, sintiendo su rabia crecer. "Sus objetivos. Su plan de acción de conquista."

"No es solo eso," dijo Lucas, señalando las líneas. "Mira el final del punto 4. 'Objetivo a largo plazo'. Pero lee el punto 3, Toni. Mira cómo ha catalogado a Greta."

"No es un objetivo. Greta es mi amiga," dijo Toni, sintiendo el desprecio de Dani por su amiga. Dani había deshumanizado a todos, reduciéndolos a roles superficiales.

Marta 2 tomó la nota y la miró. "Lo ves, Dani. El rey del campamento. El que tiene un plan para todo. Es todo un teatro."

"Esto es una mierda," dijo Toni, doblando la nota con rabia. "Tenemos que hacer algo. No podemos dejar que se salga con la suya. No solo por Marta 2. Sino por todas."

"¿Y qué vamos a hacer?" preguntó Lucas. "Si lo confrontamos, lo negará. Es Dani. Es demasiado bueno con las palabras, y pondrá a todos en nuestra contra. Somos el torpe, la reservada y el niño."

"Dani tiene el público," susurró Marta 2, mirando la nota con los ojos entrecerrados. "Y él usa el público para legitimar sus acciones. Si le quitamos el público, le quitamos la fuerza."

"¿Cómo le quitamos el público?" preguntó Toni, sintiéndose repentinamente estratégico.

"Necesitamos una distracción masiva," dijo Marta 2, su mente trabajando a toda velocidad. "Algo tan grande y ridículo que Dani no pueda competir. Algo que muestre la verdad de este campamento."

"Alfonso puede ayudar," dijo Toni de repente. "Quiere montar una banda. Tiene una canción de catorce minutos. Necesitamos un escenario y amplificación."

"No podemos robar amplificación," protestó Lucas.

"No, no hace falta," dijo Toni. "Hay un punto de reunión en el centro del campamento. Hay un pequeño anfiteatro de piedra. Alfonso puede tocar allí. Necesitamos convencer a todos de que vayan. Y necesitamos... más drama."


La acción se puso en marcha con sorprendente rapidez. Lucas se encargó de la logística, usando su madurez para convencer a los monitores de que una sesión musical espontánea era una forma de "terapia post-conflicto." Marta 2 se encargó de la convocatoria, avisando a todos con un mensaje simple: "Concierto. Revelaciones. A las nueve."

Toni, por su parte, se dirigió al comedor, donde Greta estaba intentando comer una barra de cereales que sabía a cartón.

"Greta. Necesito que vayas al anfiteatro a las nueve," dijo Toni, su voz era urgente. "Necesito que me hagas un favor. Algo grande."

Greta, que había estado aburrida toda la tarde, levantó la cabeza. "¡Por fin, drama de alta calidad! ¿Qué necesitas? ¿Un discurso de empoderamiento? ¿Un nuevo peinado para camuflar el desastre?"

Toni le dio la nota de Dani, señalando el punto 3. "Lee esto. Y luego, ayúdame a hacer que Dani se sienta invisible."

Greta leyó la nota. Su verborrea se detuvo. Su rostro pasó de la emoción a una rabia palpable. "No soy un objetivo. Soy un desafío. ¡Este idiota tiene un plan de ataque para mi personalidad! ¡Me ha catalogado!"

"Sí. Y te ha puesto en la categoría 'No es el objetivo'," dijo Toni.

"¡Me ha infravalorado!" exclamó Greta. "¡Esto es un insulto a mi capacidad de generar salseo! ¡Oh, Toni! ¡Vamos a hacerle pagar! Necesito un micrófono. Necesito altavoces. ¡Necesito una audiencia de masas!"


A las nueve, la mayoría del campamento estaba reunido en el pequeño anfiteatro de piedra. La escena era surrealista. La oscuridad estaba rota por linternas y por la iluminación rudimentaria del lugar.

Alfonso, emocionado hasta las lágrimas, estaba en el escenario, afinando "La Ukulela Infernal."

Toni estaba en la parte delantera con Lucas y Marta 2. Martin estaba allí, liberado de su castigo. Dani, alertado por la convocatoria masiva, estaba en la parte de atrás, sonriendo, pensando que quizás la congregación era un tributo a su carisma.

Mar estaba sentada en los escalones del fondo, frotándose la rodilla con tensión. Incluso Pablo el mayor estaba allí, recostado contra una pared, sin su cigarrillo electrónico.

Alfonso se lanzó a tocar. No fue rock épico, sino una balada melancólica de catorce minutos de duración, llena de disonancia emocional y letras sobre la soledad del artista incomprendido.

La gente estaba confusa. "¿Esto es una broma?" susurró alguien.

Greta, sin embargo, vio su oportunidad. Subió al escenario sin que nadie la viera, caminando por el lado detrás de Alfonso. Cuando Alfonso terminó su primer estrofa con un acorde final estridente, Greta le arrebató su Ukulela Infernal de las manos.

“¡Un momento!” gritó Greta, con su voz natural ya en el nivel de megáfono. Ella vibraba con el protagonismo, su rostro una máscara de justa indignación. “¡Agradecemos a Alfonso por su emotiva (y larga) interpretación de que todos estamos solos! ¡Pero es hora de la verdad! Si habéis venido aquí para un concierto, os vais a decepcionar. Si habéis venido para el salseo explosivo, ¡estáis en el sitio adecuado!”

Greta levantó la nota de Dani, sosteniéndola como una prueba incriminatoria. “Tenemos aquí una pieza de literatura sociológica. Se llama 'El Manifiesto del Conquistador Canónico', o como diría yo, la lista de la compra de un chico con complejo de superioridad.”

Dani, en la parte de atrás, sintió que el aire se le iba de los pulmones. Estaba pálido. Intentó acercarse, pero Martin y Pablo el mayor, instigados por Lucas, le bloquearon el paso discretamente. Martin, con los brazos cruzados y el cuerpo aún mojado, miraba a Dani con desprecio; el depredador había caído. Pablo, por primera vez, parecía él mismo interesado fuera de su propio mundo: “No te muevas, Dani. Esto va a ser épico”, le susurró Pablo, con una sonrisa tonta.

“En esta nota,” continuó Greta, haciendo una pausa. Su público estaba en silencio, hipnotizado. “el señor Dani ha catalogado a todas las chicas de este campamento en términos de viabilidad de ligue. Como si fuéramos mercancía, o niveles de un videojuego.”

Greta leyó las entradas en voz alta, exagerando las descripciones con matices teatrales.

“¡Marta 1: La organizadora! ‘Atacarla con la necesidad de eficiencia.’” Marta 1 se puso rígidamente de pie, con la cara encendida de furia. Esto era un ataque a su lógica.

“¡Nur: La hippie moral! ‘Contradecir sus mantras. Aburrirla con la ciencia.’” Nur, generalmente imperturbable, jadeó, sintiendo su energía totalmente desacralizada.

“¡Alma: La inocente! ‘Solo sirve para hacer ejercicio y sentirse joven.’” Alma, al oír esto, dejó de sonreír. La dulzura de su rostro se borro, reemplazada por una expresión de dolor real. “Soy más que un cardio matutino”, murmuró.

Cuando llegó a Mar, Greta dijo: “¡Mar: Demasiado amable, no divertida. No es un objetivo.” Mar se encogió, sintiendo cómo su propia bondad era usada como una debilidad. Toni le dedicó una mirada de apoyo.

Cuando Greta llegó a su propia entrada, se detuvo para un efecto dramático. "Greta: Charla. Desafío. NO ES EL OBJETIVO."

"¡Claro que soy un objetivo, capullo! ¡Soy el objetivo más grande que has tenido! ¡No para ligar, sino para desmantelar tu estrategia!" bramó Greta, sintiéndose liberada.

"¡Pero qué haces, Greta! ¡Eso es una mentira!" gritó Dani, intentando abrirse paso.

Greta ignoró por completo a Dani, cuyo rostro estaba ahora color ceniza, y se centró en Marta 2. “Y aquí está el gran final. El que demuestra que Dani no solo es un ligón, sino un estratega patético. 'Marta 2: Superficialmente aburrida, pero difícil de ligar. Objetivo a largo plazo'.”

Marta 2 subió al escenario. Su rostro no mostraba rabia, sino una calma total y absoluta. Dani palideció al verla, pues ella era su ‘proyecto’ mejor disimulado.

“Lo siento, Dani. Pero he dejado de ser 'superficialmente aburrida',” dijo Marta 2. “Y ya no estoy en el mercado de 'objetivo a largo plazo'. Especialmente porque tú ya no tienes la atención. Mi objetivo es... saltar la veta de la madera. Y mi objetivo es dejar de tener miedo a mi propia honestidad. Honestidad, Dani,” dijo, mirando al público, “como tener la valentía de admitir que a veces me atraen personas y dinámicas que no encajan en el patrón de vuestra heterosexualidad machista. Como aceptar que la atracción no tiene por qué ser como tú la catalogas.”

Marta 2 miró a Toni. En ese momento, en el escenario, con un público de catorce adolescentes pendientes de cada movimiento, hizo la única cosa que le daba más miedo que confesar su sexualidad: la vulnerabilidad corporal.

Se acercó a Toni y le dio un beso. No un beso torpe como el de Martin, sino un beso de reconocimiento. Fue breve, pero cargado de significado.

Luego se alejó de Toni y se dirigió a todo el público. "Y sí," dijo en voz alta. "Estoy fuera del plan de Dani."

La multitud no hizo un escándalo. No hubo los gritos ni las risas que Dani habría esperado. Hubo un silencio atónito, luego un murmullo de incredulidad y desprecio. Un par de chicas se acercaron a Alma para consolarla.

Dani se quedó petrificado, atascado entre Martin y Pablo el mayor. Su plan había explotado en su cara. Su superioridad se había desvanecido. Intentó recuperar el control con su sonrisa más ensayada, pero las comisuras de su boca temblaban. Se sentía expuesto, una sensación que nunca había planificado.

"Vaya, vaya, Toni," dijo Dani, forzando una carcajada débil. "Te llevas a todas mis chicas difíciles. Eres un rompecorazones involuntario. ¿Te has dado cuenta de que eres más atractivo sin plan?"

Toni, que sintió el peso de las últimas veinticuatro horas, se acercó a Dani. Había sido humillado, se había expuesto, y había superado su propia torpeza. Ya no tenía miedo de Martin, ni de Dani. La sinceridad forzada de Marta 2 le había dado más agallas que cualquier beso.

En lugar de insultar, Toni se acercó a Dani y le entregó un pequeño papel. Dani lo miró con rabia, pero la burla de Martin y Pablo lo mantenía a raya.

“Este es mi plan de acción, Dani,” dijo Toni, con una voz que no tembló. “Paso uno: no dejar que el miedo a la vergüenza te controle. Paso dos: no catalogar a la gente para sentirte mejor. Paso tres: irte a acostar. Buenas noches.”

Dani se quedó con el papel en la mano, mudo por primera vez en su vida. Lucas, Marta 2 y Greta, junto a Toni, se rieron a la vez, liberados. El resto del grupo estalló en risas nerviosas y aplausos dispersos; la revolución había terminado.

El salseo había escaldado a todos, quemando las capas superficiales de las inseguridades. Dani tenía que reconstruir su identidad. Martin tenía que lidiar con su ira. Marta 2 había saltado su veta de la madera. El verano caótico había llegado a su fin.

Alfonso, sintiendo que la escena requería una outro dramática, empezó a tocar de nuevo "La Ukulela Infernal" en un acorde final y disonante. El sonido era un poco molesto, pero ya nadie se atrevía a quejarse; estaban demasiado inmersos en la energía de la confrontación.

La gente empezó a dispersarse, cansados pero más ligeros. El incidente de Dani funcionó como una purga: un momento de honestidad brutal que dejó a todos sin aliento. Toni se quedó en el pequeño anfiteatro de piedra con Marta 2 y “¿Qué hacemos ahora, Toni? ” preguntó Lucas, sonriendo por primera vez de una manera totalmente libre de cautela. La emoción de haber sido parte de un complot exitoso le sentaba bien.

"Supongo que volver a la cabaña," dijo Toni, agradecido por la honestidad del momento. "Pero antes, tengo que hacer algo. Una cosa que se me quedó de la noche anterior."

Toni se dirigió hacia las mesas. Vio a Dani, que seguía en el escenario, mirando el papelito que Toni le había dado. Toni se acercó a la zona de las bebidas, donde estaban apilados los refrescos y las toallas impecablemente dobladas. Marta 2 ya no estaba doblando nada.

Toni se acercó a la mesa y desdobló una toalla perfectamente doblada por Marta 2, la puso sobre sus hombros y se secó el sudor.

Marta 2 se rio, entendiendo la broma. "Toni, eres ridículo."

De repente, una figura corpulenta se acercó a ellos. Era Martin. Se acercó a Toni, visiblemente avergonzado.

"Toni," dijo Martin, su voz era tensa. "Yo lo siento. Me paté a Luis. Lo siento, de ve-dad."

Toni asintió. "Lo sé, Martin. Tienes que hablar con él mañana. Y no tienes que tener miedo de tu 'erre'. Nadie aquí es perfecto."

Martin asintió, visiblemente aliviado. Era el inicio de una reparación, o al menos, de una tregua. Se fue caminando hacia su cabaña, ya sin la rigidez habitual.

Toni sintió el calor en sus costillas. El miedo se había ido. Miró a Marta 2.

"¿Y ahora?" preguntó.

Marta 2 sonrió. "Ahora, vamos a dormir. Y mañana, no vamos a doblar ninguna toalla que no sea nuestra."

Toni y Marta 2 comenzaron a caminar hacia sus respectivas cabañas, con Lucas cerrando la marcha, anotando en su libreta, probablemente los detalles de esta noche, el gran clímax del campamento.

Toni metió la mano en el bolsillo, buscando el rulo de la camiseta de Dani, ese que le había dado como un símbolo de poder. Pero recordó que lo había tirado al suelo en su huida inicial. Soltó un suspiro, dándose cuenta de que ya no necesitaba ese poder prestado. Abrió el bolsillo de su sudadera, y sintió el tacto de algo suave. Era una pulsera tejida, de lana, de un color que no recordaba haber visto antes. Era la pulsera de Greta. Ella se la había dado cuando le había contado su plan, un regalo en agradecimiento por no catalogarla. Era una muestra de afecto, el tipo de cosas que solo Greta podía dar.

Toni apretó la pulsera. La noche era oscura todavía. Él y Marta 2 estaban justo a punto de separarse para ir a sus cabañas, que estaban a solo unos metros.

"Marta 2," dijo Toni con suavidad, deteniéndose.

Marta 2 se detuvo también. "Dime."

"Me gustan tus gafas de sol," dijo Toni, intentando imitar, con una torpe seriedad, el tono de Dani, pero fallando espectacularmente.

Marta 2 no se rio. Solo lo miró con cariño. "Mañana te las dejo. Te esperan grandes cosas, Toni. No eres torpe, eres solo un poco lento en darte cuenta de tu propia fuerza."

Toni agradeció el cumplido. Se despidieron con un gesto que no era un abrazo, pero tampoco una simple despedida.

Toni se metió en la cabaña, donde Alfonso estaba ya en la litera superior, tocando una melodía de cuna. El Pablo moreno y Luis estaban susurrando, claramente haciendo planes para el día siguiente. Todo parecía haber vuelto a la normalidad, solo que era una normalidad diferente, más sana.

Toni se recostó en su litera, con la pulsera de Greta en la mano, la cicatriz tranquila. La exposición y la honestidad habían sido la mejor medicina para su alma.

Cerró los ojos, sintiéndose menos solo que en cualquier otro momento del verano. Había sobrevivido. Se había atrevido.

Toni pensó en Marta 2, en su beso y en la liberación que había sentido al compartir su verdad. Podía sentir el pulso de la noche, tranquilo ahora. Se quedó dormido, pensando en el sol de mañana. El día siguiente sería el último día completo en el campamento, pues la salida estaba planeada para la tarde. Se dio la vuelta en la cama. El colchón crujía bajo su peso. Había cambiado, y todos los demás también. Toni exhaló lentamente.

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